Nuestra Historia

Breve reseña histórica de la Diócesis de Colón – Kuna Yala:

La fe cristiana llegó por primera vez a nuestra tierra istmeña, como Buena Noticia, con Santa María de Belén, hoy Diócesis de Colón – Kuna Yala, en el año 1503. Diez años después, en 1513, la Buena Noticia cristalizó en la constitución de la primera diócesis de Tierra Firme bajo la advocación de Santa María La Antigua. Nuestra fe cristiana se integra, desde su inicio, a nuestra historia, impregnada de un persistente y suave efluvio mariano.

Esta diócesis no prosperó (Pedrarias y Balboa andaban de por medio) y, de hecho, en 1524 fue trasladada por el Papa Clemente VII a Panamá la vieja. Lo que hoy es provincia del Darién, la comarca de Gûna Yala y la provincia de Colón, formaron parte de la Arquidiócesis de Panamá hasta 1925 en que Darién, Gûna Yala y Colón formaron el Vicariato Apostólico de Darién con su centro sede en Colón y encomendado a los Padres Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Claretianos.

La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Claretianos, han suministrado misioneros, primero de la Provincia de Estados Unidos y luego, en 1969, de la Provincia de Castilla, España, hasta 1994. Hoy los misioneros claretianos pertenecen a la Provincia Centroamericana.

Entre las figuras más destacada de esta Iglesia merece mención especial el P. José Volk quien, a sus 65 años, cubría desde su residencia en Colón, todo el litoral atlántico hasta Bocas del Toro. A la eminente figura del P. Volk sucedieron los Padres Paulinos quienes, en 1915 pasaron a vivir en el centro de Colón, Iglesia de San José. Allí inició el apostolado el benemérito P. Peter Burns, de grata e imborrable memoria para los colonenses más viejos.

En 1895 llegan a Colón las Hermanas de la Caridad, traídas por los franceses para atender a los trabajadores que se enfermaban durante la construcción del canal. Los Hermanos de la Salle inician en Colón su apostolado de educación cristiana en 1904; y en 1907 el P. Leonardo Gassó, jesuita, lleva el Evangelio a las Islas de San Blas o comarca de Gûna Yala. Junto a estos misioneros, han trabajado un grupo reducido de misioneros de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, Paulinos.

Durante los 63 años de duración del Vicariato de Darién (1925-1988) los cinco Vicarios Apostólicos han sido siempre claretianos.

El 19 de diciembre de 1988 con la bula “Ad Perpetuam Rei Memoriam” de S.S. Juan Pablo II, se crea la Diócesis de Colón – Kuna Yala, siendo su primer obispo Su Excelencia Mons. Carlos María Ariz, cmf, quien la venía rigiendo como Vicariato Apostólico desde hacía ocho años.

La actual Diócesis de Colón – Kuna Yala comprende toda la provincia de Colón y la comarca de Gûna Yala. Con profunda satisfacción podemos asegurar la completa cobertura pastoral en todo el territorio diocesano. Nuestros incansables sacerdotes, religiosas y laicos, recorren periódicamente todas las comunidades de la Costa Abajo, Costa Arriba, Gûna Yala, así como por las pequeñas comunidades rurales dispersas por la zona suburbana.

Nuestro objetivo misionero es que el Reino de Jesús, Reino de amor, de justicia y de paz se extienda con verdadera efusión entre todos los seres humanos, especialmente entre los más pobres y necesitados, porque todos gozamos de los mismos derechos como hijos de Dios. Por eso, como fruto del Evangelio de Jesús, todos los pastores de nuestra Iglesia se han empeñado en promover el desarrollo entre las personas más necesitadas.

Para la gloria de Dios y la alegría de toda la Diócesis de Colón – Kuna Yala, el 6 de agosto de 2005, se ordenó el primer Obispo Diocesano, S.E.R. Mons. Audilio Aguilar Aguilar. En su discurso inaugural expresó su plan de trabajo lo cual consiste en la promoción de los pobres, la atención a los marginados, los jóvenes y el impulso de las vocaciones sacerdotales nativas.

Desde el 27 de septiembre de 2014 nuestra diócesis cuenta con un nuevo obispo, Mons. Manuel Ochogavía Barahona, osa; quien ha iniciado a trabajar árduamente buscando la unidad entre todos y el bien del pueblo de Dios que le han confiado.